La soledad está sobrevalorada

Colaboración de: Fabiola Minda

La soledad es un punto necesario de la vida y más vale no evitarla porque en ella se esconden los tesoros de nuestro ser. Solo en ella podemos navegar profundo en nuestros mares. Si no la evitamos y nos atrevemos a vivirla, podemos conocernos mejor y crear nuevas versiones de nosotros mismos.

Con ella aprendemos a que si nos dejan, el mundo no se acaba; a que si los que amo no están alrededor, también puedo ser feliz. Aprendemos que los lutos hay que vivirlos para volver a estar feliz, y que en conclusión no hay temporadas en la vida que deban saltarse.

Estar solo y aprender a estar solo es divino, nos lleva a nuestro centro y nos acerca a Dios. Ahí a solas podemos encontrarnos con lo superior.

Algunas reflexiones sobre la soledad

Si hemos andado solos bastante tiempo seguramente esto nos ha ayudado a conectar con la naturaleza y con nuestras emociones. Hemos aprendido a escucharnos bastante bien, sabemos qué nos pasa y por muchos motivos nos sentimos los superhéroes de nuestra propia historia: dueños del mundo, con un montón de independencia, capaces de hacer todo lo que nos propongamos, e ir adónde queramos ir. ¡Y todo esto es maravilloso!

 reflexiones sobre la soledad


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Es entonces cuando hemos sobrevalorado a la soledad y queremos quedarnos en ese estado perenne. Tal vez no nos damos cuenta, tal vez lo hacemos por protección, o tal vez conscientemente sea una elección. El peligro más grande es que con el tiempo la soledad sobrevalorada va adoptando una nueva forma: el aislamiento.

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Si nuestro trabajo es creativo, alguien nos vendió la idea de que para crear debemos aislarnos. Si alguien nos engañó en el pasado, pensamos que quedarnos solos es la solución para ese dolor que aún reside en el corazón. O peor aún, cuando una persona nueva entra en nuestras vidas hacemos de todo inconscientemente para que no funcione, y ni siquiera sabemos que lo estamos haciendo. Todo esto porque aprendimos que en el estar solos hay seguridad.

Por un lado la soledad es un espacio maravilloso para reconectarse con uno y desde esa plenitud invitar a personas a nuestras vidas. Y por el otro lado la conexión y la comunión con otros seres humanos, así como con la naturaleza, con Dios, es una parte necesaria del ser humano. Los dos lados de esta polaridad se complementan, no tienen por qué ser opuestos, ni son contradictorios.

Si tratamos de aniquilar uno de los dos polos nos sentimos incompletos. Tal vez estés leyéndome hoy reconociendo que lo has hecho; yo también lo he hecho, y gracias a que me he descubierto haciéndolo escribo este texto hoy.

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Un primer paso, y muy importante, es reconocer que querer estar siempre en soledad es un acto de cobardía. Y digo cobardía porque las relaciones interpersonales de cualquier tipo, requieren salir de la zona de confort, requieren una dosis grande de amor, de perseverancia, de ponerse en los zapatos del otro, de asumir al otro como mi espejo cuando algo no me gusta. Es entender que las relaciones son una manera de sanarnos a nosotros mismos a través de ese reflejo mío que mi amigo, mi madre, mi pareja, mi jefe, mi colega me está mostrando.

Abrirse a la conexión con otro es reconocer que no siempre voy a tener la razón y que me voy a equivocar. Es crecer. Es otro tipo de crecimiento diferente al de la soledad.

Y a la final del día es aprender todo eso mientras se disfruta de la vida al lado de las personas que uno quiere y que a uno le importan. No en vano los resultados del estudio que realizó la Universidad de Harvard durante 75 años, revelados hace poco tiempo, demostró que las personas que viven más años y con más salud son los que tuvieron relaciones interpersonales de calidad, conexión, aprecio.

Somos seres de conexión, de amor, no lo olvidemos. No nos aislemos, reconectemos.

Mindi

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Nota del editor: Fabiola Minda, «Mindi», es una ecuatoriana radicada en Los Países Bajos. Entre sus pasiones están las letras, los viajes y un estilo de vida saludable. Ha trabajado como guionista para televisión y cine. Actualmente escribe sus Memoirs sobre sus aventuras por Europa y el mundo en su blog. Puedes seguirlo en Facebook e Instagram.


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