¿Por qué nadie habla de la secta feminista fundada por Pablo Neruda?

Por: 12 julio, 2016
 

Pocas mujeres supieron que el discurso que Pablo Neruda dio en el Congreso de Mujeres en el Teatro Caupolicán -en Santiago de Chile- tenía que leerse entre líneas. Este era el llamado oficial para la conformación de la secta feminista presidida por él mismo. En algunas cartas inéditas, que se han encontrado enterradas debajo de uno de los árboles más longevos de su casa veraniega en Valparaíso, Neruda escribe: “Tal vez estoy cumpliendo el sueño de todos los poetas de todos los tiempos”.

Y es que sí, como lo dice el poeta chileno, los artistas de la lírica griegos, italianos, alemanes, noruegos, persas, españoles y franceses, siempre mantuvieron en secreto su deseo de movilizar a las masas femeninas hacia una secta de adoración solo para ellos. No crean que es un acto narcisista, en realidad ellos mismos se consideraban la personificación de la Poesía, sin embargo nunca pudieron captar adeptas. Esa maldición terminó con Pablo Neruda, que lanzó un grito al cielo (y hacia abajo también):

¡Muéranse de envidia, compañeros!

Las mujeres de Pablo Neruda fue como se denominó esta secta que tenía como símbolo a la mujer trabajadora, sobre todo a la doméstica: aquella que limpiaba, atendía los niños de su ama y lavaba la ropa.


« Debes saber que: No todo lo que rima es poesía »


Origen

Antes que nada, debo asumir que se preguntarán por qué la secta que buscaban los poetas eran solo de mujeres. Bueno, la respuesta la encontramos en un texto cifrado y oculto del mismo Neruda:

Desde las edades más antiguas, las mujeres oyeron los secretos de los hombres: de los guerreros, de los gobernantes (…) Las oraciones de los sacerdotes buscaron la forma de una mujer para llegar al cielo. Los músicos, los escultores, los pintores y los escritores establecieron la incomparable belleza, la sublime maternidad, el amor, el dolor o el heroísmo de la compañera amada.

Entonces, la secta surgió cuando Pablo Neruda se encontraba viviendo en Santiago con su esposa Matilde. Ellos se sentaban en la terraza de su casa durante la noche y veían a las personas pasar. “Bajo nuestra casa, en una calle vecina que se divisaba perpendicularmente desde arriba, siempre, como en un rito, aparecían dos velas y una lavandera con su artesa”. Ahí fue que llegó, como inspiración, la idea que siempre había rondado -como pajarito- en su cabeza: ¡La secta feminista!

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Ritual

Las mujeres de Pablo Neruda se caracterizó por su profunda reverencia y amor a su fundador. Todas ellas se reunían, se piensa que cada jueves, a escuchar a Pablo recitar sus poemas. Antes de eso, comenzaban cada reunión entonando su himno. No se tiene muchos registros del mismo, pero hemos conseguido un fragmento por parte de una miembro de la secta que prefirió mantener su nombre en el anonimato.

Desde arriba
a la luz de la vela
era en la noche única
viviente,
lo único que vivía:
aquello
sacudiéndose
en la espuma, los brazos en la ropa,
el movimiento,
la incansable energía:
va y viene
el movimiento,
cayendo y levantándose
con precisión celeste,
van y vienen
las manos sumergidas,
las manos, viejas manos
que lavan en la noche,
hasta tarde, en la noche,
que lavan
ropa ajena,
que sacan en el agua
la huella
del trabajo
la mancha
de los cuerpos

(Oda a una lavandera nocturna, Pablo Neruda)

Después de su himno, traían la capa de terciopelo rojo para ponérsela al poeta y que así empiece su lectura. Al final de cada poema, ellas repetían al unísono: “Sea escuchado tu bendito verso en todo lo alto”.

Vigencia de la secta

En la actualidad se corre la voz de que hay un Whatsapp oficial de Las mujeres de Pablo Neruda (no hemos podido corroborar esta información). Sin embargo, muchos son los embaucadores que solo quieren atrapar mujeres para quitarles su dinero haciéndoles pensar que el querido Pablo ha reencarnado en otros poetas y puede cumplirles cualquier deseo que pidan. Por favor, tener cuidado de creer en todo lo que corre por internet.

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Nota: Esta ficción se basa en el texto “Lavandera nocturna” que se encuentra en el libro “Para nacer he nacido” de Pablo Neruda.

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