FIC, el festival que construye jóvenes cineastas en Ecuador

Estamos acostumbrados a pensar en películas para teenagers y encasillar a los adolescentes como unos seres bastante complejos de entender y soportar. Pero no solemos pensarlos como jóvenes cineastas. Bueno el Festival Intercolegial de Cine (FIC) en Ecuador sí los piensa así desde hace 6 años. Ramón Murillo fue el mentalizador.

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Foto: José Vicente Noboa.

Así, él y el resto del equipo organizador se han dado a la tarea de construir cine joven desde el lado más laborioso: impulsando (y preparando) a los chicos de colegios a producir, escribir, filmar, posproducir y todo lo que conlleve hacer cine. Lo hacen principalmente desde Guayaquil, donde este año han logrado motivar la conformación de 36 grupos de 22 colegios. Pero también 5 grupos de Machala y dos colegios de Quito, desde donde también llegan 20 cortos provenientes del Festival Intercolegial de Cine Divergente del INCINE (la escuela de cine de Camilo Luzuriaga).

La búsqueda del cine joven

Los paradigmas sobre los adolescentes nos han llenado la cabeza de chicos odiosos, de seres que están llenos de dudas, presiones sociales y expectativas por cumplir. Para la co-directora del festival, Elsa Cortés Rada, «a pesar de que tienen encima este estigma de ser adolescentes, que tiene muchas cargas negativas… que si que el adolescente es vago o que solo les interesa ver series… la verdad es que a estos chicos solo les interesa ver series, pero eso les ha dado el dominio que necesitan para ahorita hacer cortometrajes propios».

Y es quizá esa facilidad para escoger intereses (y descartar otros) la que ha llevado a generar una gran química entre el equipo del FIC y los jóvenes que acuden a las convocatorias del Festival cada año.

Todo lo que tienen en común estos chicos es que se apasionan (por el cine).

-Elsa Cortés, codirectora del FIC

Elsa nos cuenta que el primer festival se llamó sobre cine zombie, que parece ser un tema muy popular entre ellos (ya tienen alrededor de 70 cortos sobre zombies). Pero la temática en realidad era libre, por eso, entre los catorce cortos que recibieron, les llegaron dos sorprendentes cortos que marcarían la tónica de los siguientes festivales.

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Foto: Facebook FIC

Es que aquella ocasión recibieron dos cortos que «les voló la cabeza» en palabras de Cortés, por lo bien producido y coherente que era. Se llamaban Daimon y Aleatoria. Indagando, vieron que el realizador del primero era un chico que en su tiempo libre se dedicaba a esto. No debía ser el único y, mejor aún, seguramente habría muchos chicos dispuestos a poner su tiempo libre para hacer cine. Así, el nombre del festival se hizo más amplio y empezó a germinar la idea de que más que premiar cortometrajes, habría que preparar a los jóvenes a realizar cine desde todas sus facetas. Lo cual se fue cumpliendo en los sucesivas ediciones.

Al igual que los jóvenes, Cortés ha seguido su propio proceso durante el festival, primero fue community manager, luego se dedicó a la logística, en la 3era edición fue la coordinadora (luego se volvió internacional el festival) y  desde la 5ta. es la coodirectora. Hay chicos que han repetido la experiencia y que se la pasan preguntando antes de cada edición cuándo abren la convocatoria. Este año fue en septiembre.

«Es el festival que los chicos aman y los padres odian»

Elsa Cortés tiene un concepto bastante sui géneris del festival. Ella lo llama «el festival que los chicos aman y los padres odian». Esto suena extraño, sin embargo tiene su lógica (padres y los adolescentes de todos los tiempos suelen tener visiones distintas sobre en qué deben ocupar su tiempo). Sin embargo, la frase de Elsa es más bien un ejemplo de las pasiones que despierta el festival y eso la mayoría de los padres terminan reconociéndolo… hasta terminar amándolo como a sus hijos y apoyándolos decididamente (llevándolos a las locaciones, generándoles contactos, etc). Quizá la mayor preocupación de los padres es que no necesariamente el FIC hace un seguimiento del rendimiento académico de los chicos o una coordinación de sus tiempos estudiantiles con los colegios directamente.

La gracia del FIC para los chicos es que es una demostración de sus elecciones personales. Y eso se nota, son cuatro meses en los cuales reciben al menos 20 horas de clases, asisten a conferencias, conversatorios y además preparan los guiones, producen, arman el rodaje, editan, entre otras tareas. La mayoría lo hace sin desmayar. Si de algo está segura Cortés, es que de aquí los chicos realmente aprenden fotografía y cine. No les importa tener que repetir un guion tres veces o más hasta que esté perfecto.

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Elsa explicando cómo realizar la escena a uno de los chicos. Foto: FIC.

Se trabaja de forma funcional. Por ejemplo, quien les impartió el taller de cinematografía les motivaba a relacionar el manejo de la cámara y los planos a tomar de acuerdo a las emociones y narrativa que pide el guion.

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Películas que recomienda el folleto del FIC para dirección de fotografía. Foto: José Vicente Noboa.

No obstante, al ver los resultados difícilmente un padre puede odiar un festival que les enseña a los chicos a ser creativos, proactivos y exigentes consigo mismos. Y de paso divertirse en el trayecto.

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El Titiritero fue una de las cintas más destacadas de la V edición.

¿Por qué se inscriben los chicos al FIC?

La primera pregunta que los padawan (los asistentes y voluntarios del festival)  le hacen a los chicos al inscribirse es por qué lo hacen. En su mayoría las respuesta son: «Porque quiero dedicarme a esto», «creo que es algo divertido que puedo hacer y es algo constructivo en mi vida». Es decir, ya llegan ellos mismos con una propuesta, apunta Cortés, quien además se emociona cuando comenta que no es raro que los colegiales lleguen con alguna carta diciendo que han conseguido un teatro para hacer el rodaje o cosas así.

Solo queda seguir impulsándonos. Que tengan poca edad no significa que no puedan hacer cosas grandiosas (…) Por eso les damos un espacio para que experimenten, para que jueguen y aprendan».

-Elsa Cortés.

Y las palabras de chicos como Ariana Ramírez (del Colegio La Asunción) o Axel Armijos (colegio Javier) lo confirman. Ellos ya han realizado cortos, les apasiona el tema y no lo pensaron dos veces cuando pedimos voluntarios para la entrevista. El corto que Ariana escribió y dirige trata sobre el acoso intrafamiliar. Lo realiza junto a Anabella Cruz (dirección de fotografía) y Fabiola Loja (producción). El resto de tareas como sonido, luces, etc, lo comparten entre las tres. A ella le hubiese encantado haber participado en El Gran Dictador, de Chaplin, por todo el contexto histórico que conlleva.

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Axel, Anabella, Ariana y otros chicos durante el taller de Cinematografía. Foto: José Vicente Noboa.

Mientras que a Axel le habría gustado participar del rodaje del Padrino II. El corto que produce junto a sus compañeros se llama A uno solo. Un chico en una cafetería tiene un contacto inusual con una chica que desea, pero que no existe y entonces… no nos cuenta el final, así que esperamos ver concluido el cortometraje.

Aportar siendo joven y que el cine crezca en Guayaquil y Ecuador es algo que esta generación puede desarrollar mucho.

– Ariana Ramírez Cortés, joven cineasta.

Algunos cortometrajes serán seleccionados para las Muestras de Cine Joven Internacional, donde compartirán espacio con cortometrajes de otros países. Mientras que el 13 de ese mismo mes será la Muestra Oficial del FIC, donde estarán los cortos que van a representar a Ecuador internacionalmente y los nominados a los premios del festival. El 14 de diciembre será la gala de premiación en el MAAC Cine.

Y así los jóvenes cineastas del FIC y sus instructores viven momentos de película en todo el sentido de la palabra.

Foto portada: FIC

 

Escribo, canto, callo, cavilo, camino, amo, yazgo, proveo, escucho, vino, amigo y-no faltaba más-gato. Ah, y en Makía redacto :).