De dónde nació el nombre del Síndrome de Estocolmo

Desde «La bella y la bestia» hasta Patty Hearst son muchos los casos de Síndrome de Estocolmo. El término lo usan algunos psicólogos para hablar de los sentimientos de identificación que pueden llegar a experimentar las víctimas con sus captores. Definitivamente, se trata de un fenómeno extraño cuyos primeros casos registrados ocurrieron hace unos 40 años.

El origen del Síndrome de Estocolmo

El síndrome de Estocolmo se puede presentar entre víctimas de abuso de pareja, agresión en entorno familiar, abuso psicológico e incesto, según Nils Bejerot psiquatra y criminólogo que acuñó el término. Por ello muchos creen que Bella, del cuento infantil La bella y la bestia lo padece.

Patty Hearst puede ser considerada el rostro de este trastorno. La heredera de un periódico californiano fue secuestrada por militantes revolucionarios en 1974. Ella pareció desarrollar empatía con sus captores y se unió a ellos en robos. Fue detenida y en su defensa se alegó que padecía el Síndorme de Estocolmo. Eventualmente fue detenida y cumplió sentencia en la cárcel.

Síndrome de Estocolmo

Patty se unió a sus captores en algunos robos. Cuando estos fueron capturados, ella también fue detenida. Foto: AP.

De dónde viene su nombre

El 23 agosto de 1973, un asalto a un banco en Estocolmo, Suecia tuvo más repercusión de la esperada. Esto no se debió a la cantidad del robo o la falta de víctimas mortales. Fueron los fuertes lazos que desarrollaron los rehenes y perpetradores del robo lo que llamó la atención de los medios y la comunidad científica. Luego de los hechos, esta reacción se dio a conocer con el nombre de Síndrome de Estocolmo.

Síndrome de Estocolmo

La policía acudió al banco rápidamente, pero no pudieron hacer mucho durante varios días. Foto: Getty Images.

Ese día Jan Olsson llegó fuertemente armado al banco Kreditbanken, en la plaza Norrmalmstorg, pleno centro de la capital sueca. El sitio acababa de abrir y él  sacó una ametralladora del interior de una maleta para disparar al techo. Cuando sonó  una alarma y dos policías acudieron, Olsson disparó contra uno de ellos.

Olsson ató a las rehenes y presentó varias exigencias a los policías para dejar ir a los trabajadores del banco: Birgitta Lundblad, Elisabeth Oldgren, Sven Safstrom y Kristin Ehnmark. Sus demandas fueron: una gran cantidad de dinero, un auto y a Clark Olofsson, un delincuente que estaba cumpliendo una condena en la cárcel. Los agentes de la ley permitieron que Olofsson entrara al banco. Fue ahí cuando este se levantó como líder del grupo.

«Confío plenamente en él, viajaría por todo el mundo con él», declaró Kristin Enmark al hablar de Clark Olofsson, quién la tuvo como rehén durante seis días en la entidad financiera.

Identificándote con el enemigo

En una entrevista con la BBC Kristin Enmark comentó que Olsson le daba miedo, pero que muy pronto en la situación comenzó a considerar a Olofsson como un amigo.

«Me acogió bajo su manto protector y me decía: ‘a ti nada te va a pasar’. Es difícil explicárselo a gente que no ha estado en esa situación cuán significativo fue eso para mí. Sentía que a alguien le importaba. Quizás era un tipo de dependencia».

El sexto día la policía logró desarmar los ladrones con gas lacrimógeno, luego de romper el techo de la bóveda del banco. A pesar de que Olsson había amenazado con matar a todos los civiles, todos salieron con vida del sitio. Jan Olsson fue condenado a 10 años de cárcel, mientras que su cómplice Clark Olofsson obtuvo una pena de seis años.

Síndrome de Estocolmo

Los rehenes fueron liberados después de seis días y sus captores cumplieron condenas de cárcel. Foto: Getty Images.

En entrevistas posteriores los hechos, Olsson aseguró que no pudo matar a los rehenes porque se habían vuelto muy amigos. Esto demostró que los sentimientos de los captores también cambian.

Por su parte, Kristin Enmark todavía se refiere a Clark Oloffson como su amigo y los dos se escriben cartas. A pesar de esto ella escribió un libro sobre sus experiencias en el que dice que el Síndrome de Estocolmo no existe.

Lo que dicen las víctimas de secuestro

El Síndrome de Estocolmo no está reconocido por los dos manuales más importantes de psiquiatría: el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales y la Clasificación internacional de enfermedades. Aún así oímos de él cada vez que una persona víctima de secuestro largo recupera su libertad.

Jaycee Lee Dugard tenía 11 años cuando fue raptada por Phillip Garrido y su esposa. La pareja la mantuvo encerrada y casi sin contacto con el mundo exterior durante 18 años. Ella quiere que la prensa y las personas en general dejen de hablar del Síndrome de Estocolmo.

«Es degradante, que mi familia creyera que estaba enamorada con este captor y quería quedarme con él… Me dieron ganas de vomitar.  Me adapté para sobrevivir mis circunstancias «, dijo Dugard a la ABC News.

Ella considera que la creencia en este transtorno hace que todo lo que pasan las víctimas se vuelva insignificante. Todo sea visto desde un «amabas a tu captor, por lo que nunca quisiste ser libre». O desde la perspectiva de que «fuiste lo suficientemente estúpida para confundir abuso con amor».

Síndrome de Estocolmo

Jaycee Lee Dugard estuvo secuestrada durante 18 años. Tuvo dos hijas en ese tiempo. Foto: ABC News.

Elizabeth Smart, quien fue raptada a los 14 años de su habitación en Salt Lake City, Utah cree que el estigma de las violaciones hace que las víctimas sean reacias a escapar. Brian David Mitchell la mantuvo captiva durante nueve meses en los que ella no intentó fugarse porque se sentía «impura» después de ser violada.

«¿Por qué aún tendría sentido gritar? ¿Por qué habría alguna diferencia si eres rescatado? Tu vida todavía no tiene ningún valor», dijo en una conferencia.

Síndrome de Estocolmo

Elizabeth Smart no intentó escapar porque sentía que no valía nada. Foto: NBC News.

Kristin Enmark se identificó con sus captores durante su estancia en el banco de Estocolmo hace 40 años, pero aun así dice:

«No me siento mal por lo que sentí: hice lo que pude para sobrevivir».

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