Cómo repensar a Romeo y Julieta

La historia de amor más conocida de todos los tiempos… aunque no es particularmente mi favorita. Para mi Romeo y Julieta es de esos melodramas románticos que subliman el amor a tal punto de hacernos cometer estupideces. Sin embargo, recientemente aprendí algo nuevo de ella al verla en el Teatro Sánchez Aguilar.

La adaptación estuvo a cargo de Denisse Nader; la dirección por Jaime Tamariz, con quien ya hemos tenido tardes de Téatro. La producción estuvo impecable, así que se disfrutó a mil.

Toda la puesta en escena me dio la oportunidad de revalorizar la obra de Romeo y Julieta, que veía como una de esas tramas donde el romanticismo arruina al verdadero amor. No obstante, la historia de estos locos enamorados no recae en su «demencia», sino en lo que mueven detrás de ellos.

Shakespeare no es un grande de gratis, sino porque sus obras se abren al cuestionamiento y sobre todo a un nuevo uso del lenguaje. «¿Ser o no ser?» (Hamlet) es una de las preguntas que aún no logramos resolver. Además, por él decimos cosas como: «El amor es ciego».

«El amor, como ciego que es, impide a los amantes ver las divertidas tonterías que cometen.»

El mercader de Venecia, William Shakespeare.

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La obra se envuelve en el antagonismo entre el amor y el odio y cómo este solo puede desembocar en la tragedia. La historia de dos amantes apasionados y dos familias que se odian con igual intensidad. Ambos quieren estar juntos, pero su destino -ser de familias enemigas- los traiciona. Sin embargo, buscan combatir su sino con la única arma que tienen: el amor.

Básico, sí, así de básico. Pero ya son 400 años del fallecimiento de Shakespeare y sigue siendo un escenario que vemos todos los días. ¿Se han preguntado todo lo que puede hacer el odio y todo lo que puede hacer el amor? No sé si ese era el cuestionamiento que Shakespeare buscaba con la obra de Romeo y Julieta, pero fue el que se abrió en mí.

Tal vez y el desenlace de la historia te diga que el amor no ganó, pues ambos fallecen de una manera un tanto ilógica, como estas otras muertes inesperadas y absurdas de la literatura. Pero si te quieres poner en modo: «el amor lo vence todo» podrías decir que sí, que ganaron. Que no se dejaron vencer ni envenenar por el odio de sus familias (aunque luego sí hubo algo de veneno real de por medio) y que su amor era tan grande, que prefirieron la muerte a una vida sin este.


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 Siglos después aún existen peleas a nivel mundial como la de los Montesco y los Capuleto. Lo vemos seguro en nuestras familias, en nuestras comunidades, en nuestros países y la lista va de largo. Sucede en cosas tan pequeñas como una pelea entre hermanos, como en temas más complejos de carácter social: sexualidad, género, religión, raza, territorio. Nos pensamos obligados a escoger un bando y nos anclamos a ellos, nos esclavizamos a una guerra.

Aunque el conflicto de Romeo y Julieta recae sobre el amor romántico, puede que el mundo requiera de más locos enamorados; que al conocerse, no se vean como un Montesco o como un Capuleto, no se predispongan ante una etiqueta.


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¿Qué pasaría si nos amaramos con tanta devoción, como con la cual nos odiamos tan fácilmente? Probablemente suene tan idílico o absurdo, como la historia de amor en la obra de Romeo y Julieta. Y es que el amor -en cualquier momento de la historia humana- siempre ha sido un acto de locos, pero sobre todo de valientes.

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Viajar es mi lugar feliz. De risa libre. Nunca me peino.