Equidad de género: Aún falta mucho para llegar a Ruanda

Por Pamela León Andriouli

Algunos diccionarios ubican que “equidad” significa: “Cualidad que mueve a dar a cada uno lo que merece” (WordReference). Y no es muy distinto lo que se encuentra en otras fuentes de este tipo. Es un significado bastante subjetivo para algo que “merece” principal atención en problemáticas que hoy se ubican en primer orden, por ejemplo, la tan mencionada: Equidad de género.


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“Lo que merece”, dice esta fuente, y ello nos sumerge en un océano de posibilidades sujetas a evaluación para determinar qué o quién merece tal cosa. Pues bien, siguiendo esta lógica separatista de términos, es preciso que nos detengamos un momento a examinar el sinfín de definiciones que se le ha dado a la palabra “género” y todas las categorías que están integradas en este trisílabo.

Ahora, si tanto un término como el otro resultan tan diversamente entendibles, en gran medida por su subjetividad y en otra importante medida por su diversidad, resulta bastante más complicado entenderlos como una sola cosa o en conjunto -considerando la alienación de su significado entre ambas palabras-.

Sin tanta filosofía gramatical, veamos como se significan en conjunto.


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Existen dos denominaciones para este tema: Igualdad de género y equidad de género, y no, no son lo mismo. Lo primero refiere de la igualdad de derechos, responsabilidades y oportunidades de las mujeres y los hombres, y las niñas y los niños (ONU); lo segundo se basa en una visión un tanto más ética que asegure una igualdad real a forma de compensación por esa desigualdad histórica en lo que refiere la participación política y laboral; es decir, se compensa proporcionalmente a partir de lo que ha sido poco representado.

Los cinco párrafos anteriores pretenden delinear un poco lo complicado que resulta SÓLO significar esta problemática de manera denotativa. Cuánto más difícil debe ser ejecutar acciones que trasciendan de significados a hechos palpables en lo social.

Y ello es visible por ejemplo en las últimas elecciones seccionales celebradas en Ecuador.

El Consejo Nacional Electoral (CNE) de ese país señaló que las mujeres “lograron” “representación” en cuatro Prefecturas (17,39%) y 18 alcaldías (8,14%). Un leve aumento al comparar los resultados de hace cinco años en que obtuvieron 2 prefecturas (8,7%) y 16 alcaldías (7,24%), según una publicación de Indicadores de participación política de la mujer ecuatoriana en las seccionales 2014 elaborado por el organismo electoral de esa época.

Sin embargo, ello no es digno de aplausos, pues de acuerdo con datos del CNE, en las candidaturas a nivel nacional a la Prefectura hay una desproporción porque el 80% fueron hombres y el 20% mujeres. Entonces ¿Es posible hablar de representación? ¿De logros?

Ruth Hidalgo, directora de Corporación Participación Ciudadana, considera que el bajo porcentaje de las alcaldías ganadas por mujeres muestra que aún falta generar en el país un proceso sostenido para promover la participación política de la mujer.

No obstante, de los 18 países Latinoamericanos, 16 han implementado algún mecanismo de acción afirmativa orientado a incrementar la participación de las mujeres en las listas electorales; de esos, además, 5 países han aprobado la paridad: Bolivia, Ecuador, Costa Rica, México y Nicaragua.

En todo caso, partiendo solo del ejemplo ecuatoriano (símil en varios casos de la región), queda claro que aún falta mucho para igualar a Bolivia y/o a Ruanda, países en donde sus parlamentos son integrados -en más de la mitad- por mujeres diputadas (y aún así en Bolivia, hay pocas alcaldesas).

Confundir los términos puede ser letal para esta búsqueda de representación, pues, nuevamente tomando el caso ecuatoriano, se consideró como empoderamiento político femenino el nombrar como presidente y vicepresidentes de la Asamblea a tres mujeres, mientras el mandatario de aquella época, Rafael Correa, decía a una política ecuatoriana que mejor use maquillaje antes de hablar de economía, lo cual no tuvo ningún tipo de represalia -cuando menos moral- por parte de esas mujeres empoderadas que dirigían el legislativo.

¿Y cómo es la situación de equidad de género en tu país?

 

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