Ciudades más habitables y sostenibles después del coronavirus.

¡Entérate de qué se puede hacer para generar el cambio!

Por Sabrina Rodríguez

Una de las principales víctimas de la pandemia ha sido la postergación de las acciones que se pensaban implementar para tratar los temas de la crisis climática en el mundo entero, por ejemplo, el aplazamiento de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático COP26.

Las consecuencias económicas que está dejando y que sin duda quedarán por mucho tiempo debido a la enfermedad del Covid-19, deben ser aprovechadas para pensar en un cambio positivo para el futuro.

¿QUÉ SE PUEDE HACER?

No todo debe ser pensado con fines económicos, los planes a ejecutar deben ser llevados a cabo de manera integral, pensando en la sostenibilidad, la habitabilidad y la salud, es por ello que el dinero utilizado debe ser bien invertido en pro del medio ambiente y de un mejor estilo de vida para el ser humano.

CREAR UN MUNDO MÁS JUSTO, SOSTENIBLE Y HABITABLE.

La necesidad de espacios al aire libre y de áreas verdes cada vez se vuelve más notable en gran parte de las ciudades del mundo.

Acorde a datos oficiales de las Naciones Unidas, el 55% de la población mundial vive en zonas urbanas, un porcentaje que se espera aumente al 68% en el año 2050.

Entre la creación de nueva infraestructura, planificación urbana y el medio de transporte, el aumento de contaminación sónica y de la capa de ozono ha sido abismal.

Solo la contaminación del aire, causa la muerte de 9 millones de personas al año, un número bastante significativo que podría reducirse con una mejora en la calidad del aire como la que ha sido registrada durante los meses de cuarentena.

LA POSIBLE SOLUCIÓN

Las ciudades puede que sean el problema, pero si se implementaran los cambios necesarios, puede que éstas también formaran parte de la solución.

Si se comenzaran a llevar a cabo las acciones inmediatas, estas ciudades podrías ser neutras de carbono, mucho más habitables y saludables.

ALGUNAS MEDIDAS A TOMAR PODRÍAN SER LAS SIGUIENTES:

– Cambios en el uso de suelos: se debería implementar un diseño que incluya conectividad e infraestructura para caminar e ir en bicicleta.

Esto reduciría enormemente el uso de los automóviles y del transporte público, ya que las personas podrían trasladarse a pie o en sus bicicletas, incluso patines o artefactos electrónicos.

– Reducir la dependencia del automóvil: el auto electrónico se plantea como solución a la contaminación del aire y a su vez sónica, pero de igual forma éstos no aportan beneficios a la actividad física de la persona y al mismo tiempo ocuparían un espacio innecesario.

– Hacer más uso de la bicicleta: según estudios, el uso de la bicicleta reduce la mortalidad prematura y combina al mismo tiempo el transporte con el deporte, no causa contaminación y casi no ocupa espacio.

– Áreas verdes en las ciudades: tener espacio con áreas verdes ayuda con la reducción de la contaminación, la mitigación del calor y del ruido, la captación de CO₂ y la compensación de las emisiones de carbono.

Pero no solo eso, más importante aún, esto ayuda con la disminución de problemas de salud mental, mejor funcionamiento cognitivo y un mejor estado de ánimo.

– Inversiones: Mejorar las ciudades requiere de una colaboración entre urbanistas y planificadores de transporte, arquitectos, expertos en educación y profesionales de la salud, por nombrar algunos.

Los alcaldes y sus equipos deben tomar la iniciativa y realizar inversiones directas que beneficien los diferentes aspectos en las ciudades.

Es importante que la comunidad y sus ciudadanos se involucren para que estos cambios puedan verse implementados lo más pronto.

La pandemia ocasionada por el coronavirus requiere que ciudades del mundo se reinventen debido a que es totalmente incierto hasta cuándo estas medidas de distanciamiento se mantengan.

QUIZÁ SEA EL MOMENTO DE APROVECHAR LO NEGATIVO DE ESTE VIRUS PARA EMPEZAR A GENERAR EL CAMBIO EN NUESTRO ALREDEDOR.

*El autor de la investigación es profesor de Investigación ISGlobal Barcelona y profesor titular, ACU Melbourne, Universidad Católica Australiana*

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